domingo, 17 de agosto de 2008

Regalo. Para un pez.


"Un amor depende de la luz que contenga
y el pez que muere en esa hora.

Bajo las aguas todo signo
no es favorable para el ballet
que comienzan esas pieles.

Ellas conocen el gesto pálido
que duerme al centro de la música.

Pero la angustia posee un cuerpo
que con la magia del profeta
penetra en todos.

En ese tiempo la piedra
es un pájaro de suerte,
una trayectoria existe y se transforma.

El público aplaude
para el vino que es violín
al encuentro de los labios.

La imagen no existe,
sólo el sonido libera los cuerpos
y los cubre de hojas..."

(Del querido, ahora desconocido y desaparecido Don Pérez)

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